Cuento 4: Planeta Hestia


La Luna quería aprender Kung-Fu, así que antes de marcharse del planeta Apple, le preguntó dónde podría estudiar este arte marcial. Apple no tenía muy claro que era el Kung-Fu, pero sabía que era algún tipo de pelea y había escuchado de un lugar donde siempre había peleas: Hestia. Hestia se encontraba en una galaxia cercana de donde estaban, pero llegar era complicado, toda una nube de asteroides, no muy amables, rodeaba la galaxia. Normalmente nadie conseguía entrar, pero la Luna lo quiso intentar.

Al llegar al círculo de asteroides que rodeaba la galaxia, la Luna probó de seguir su camino, pero dos astros muy grandes le cerraron el paso. Parecían los vigilantes de la galaxia y la pararon para preguntarle su destino. En mencionar al planeta Hestia los dos asteroides arrancaron a reír y la dejaron continuar su camino sin más preguntas.

Después de la experiencia en la frontera de la galaxia, nuestra amiga se acercó prudentemente a Hestia, no sabía que le esperaba. Cuando estaba lo suficientemente cerca, la curiosidad de la Luna pudo con su vergüenza y empezó a hablar con aquel curioso planeta.

Hestia estaba muy abatida, todos los seres que vivían en ella eran familiares entre ellos, algunos más lejanos que otros, pero todos compartían un lazo sanguíneo. Sin embargo todo el mundo estaba peleado y enfadado con algún miembro de la familia. La Luna se sorprendió muchísimo, nunca había visto una pelea como las que se daban en aquel planeta, además ella quería aprender Kung-Fu, pensaba en peleas pactadas para practicar un arte marcial. Aquello era totalmente diferente, eran peleas por tonterías, o por problemas mayores, pero nada que no se pudiera resolver.

La Luna no daba crédito a lo que veía, hasta ese momento nunca había visto ese tipo de familias. Todas se estructuraban igual y, aparte de pelearse, eran muy peculiares porque cada miembro de la familia estaba encasillado en un rol y siempre asumía las mismas responsabilidades. Su función, sus obligaciones y, en consecuencia, su vida entera dependía solo de su posición familiar.

La Luna se preguntó: ¿Cómo puede ser que incluso aquellos que sólo se deberían cuidar acaben peleándose? ¿Por qué siguen perpetuando unos roles familiares siempre iguales y sin opción al cambio?

Sin pensarlo dos veces la Luna intentó ayudar a Hestia.

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