Cuento 8: Planeta Tierra


Después de una eternidad ayudando a muchísimos astros y a muchísimos seres vivos del universo, después de vivir mil y una aventuras, cuando ya se había cansado de buscar y de vagar por el espacio; la Luna llegó a nuestra galaxia: la Vía Láctea. La galaxia más bonita que había visto en toda su vida. Millones de estrellas que formaban una espiral alrededor de un agujero negro. Este agujero negro, estaba rodeado por toda una nube de polvo interestelar, que a la vez estaba iluminado por las estrellas. Era preciosa, absolutamente extasiadora. Aunque no había encontrado a su amiga, la estrella Polar, la Luna decidió que en aquella galaxia pasaría el resto de sus días.

Explorando la galaxia vio cosas extraordinarias, pero lo que más le gustó fue una estrella situada en uno de los brazos de la Vía Láctea: el Sol. Era la estrella más divertida que jamás había conocido, siempre bromeaba sobre comerse todos los astros que orbitaban a su alrededor, pero nunca lo acababa haciendo. Muy a menudo hablaban de la Tierra, el único planeta lleno de vida del sistema Solar, ya que la Tierra tenía muchos problemas.

En una conversación, el Sol mencionó un planeta joven, que hacía poco que se había instalado en el sistema Solar, se llamaba Saturno. La Luna no podía contener la alegría; sin dar explicaciones al Sol, salió disparada hacia su antiguo amigo.

Saturno estaba rodeado de satélites y recibió su antigua amiga con los astros bien abiertos. El planeta y la Luna se explicaron todas las aventuras vividas. Estuvieron, lo que para nosotros es una eternidad, charlando. Cuando Saturno explicó que se había encontrado a la estrella Polar muy cerca del sistema Solar, nuestra amiga se despidió rápidamente del planeta, y partió dirección a su vieja amiga.

Fue un reencuentro épico, de aquellos que sólo pasan en las historias y los sueños, pero aquello fue real, por fin se reencontraban. Si con Saturno estuvieron una eternidad, no se puede concebir el tiempo que estuvieron juntas la Luna y la estrella Polar; recuperaron todo el tiempo perdido. Pero algo se despertó de nuevo en el corazón de la Luna, necesitaba seguir ayudando a los astros del espacio. Al igual que la estrella Polar sentía la necesidad de iluminar el universo, ella quería ayudar a seres vivos.

Como se puede observar hoy, la Luna vino directa hacia la Tierra, un planeta con una forma de vida increíble: los humanos. Aunque eran increíblemente buenos, los humanos estaban perdidos y, hasta el momento, no habían hecho más que explotar su casa, explotar el planeta Tierra.

FIN.

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