Cuento 2: Artem


La Luna, satisfecha por el trabajo realizado en el planeta MC Donalds, decidió seguir viajando un tiempo por la galaxia, libre y sin preocupaciones, esquivando planetas, estrellas y bolas de fuego que se cruzaba por el universo; hasta que un día se topó con Artem.

Artem era completamente diferente a todos los demás astros que había visto la Luna durante su viaje. Sus dimensiones gigantes y el hecho de que todos y cada uno de los rincones que tenía estuvieran habitados, hacían que Artem fuera precioso a ojos de la Luna. Esta, embelesada, se acercó para observar más de cerca.

Cuando estava lo suficientemente cerca para ver la vida de Artem, se dio cuenta de que algo no funcionaba: todos los seres vivos eran exactamente iguales! La Luna buscaba y buscaba pero no encontraba ninguna diferencia entre los individuos, todos vestían igual, llevaban el mismo peinado, todos actuaban de la misma manera, parecía más un planeta de locos que de seres vivos.

Cuando parecía que la desesperación por ver siempre lo mismo podría con la gran paciencia de la Luna, ésta vio un grupo, muy reducido, de individuos que tenían pequeñas diferencias con el resto y también entre ellos, eran niños y niñas pequeñas. Los más pequeños de todos eran los más diferentes, pero a medida que crecían, las distinciones se iban reduciendo, convirtiéndolos a todos y todas en seres iguales que el resto de la población. Todas las diferencias que podían enriquecer a Artem eran eliminadas durante el crecimiento de las personas.

Parecía que con esta manera de vivir todos tenían las mismas oportunidades, pero cualquier cosa fuera de las normas establecidas no tenía lugar y era radicalmente eliminado, por lo tanto nunca podría haber ningún cambio.

La Luna se preguntó: Realmente son felices viviendo de esta manera? Tan malo es ser diferente del resto?

La respuesta a las dos preguntas fueron negativas, así pues la Luna decidió tomar partido para intentar ayudar a los seres de ese planeta.

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